No podemos vernos la nuca

También quiero enfrentarme a lo racional. Necesito que me ayude a no perderme en un espejismo autoconstruido. Me resuena adentro una persecución voraz: el sesgo de confirmación.

Mis aliados: asombro receptivo y escepticismo vigilante.

Uno: el tiempo. > Si es efímero, es evento aislado. Si tiene la textura de un proceso, me quedo. Si todo persiste y se profundiza, el espejismo se desvanece.

Dos: elegir lo incómodo. > La entrega a lo que no controlo + el sacrificio de mi intelecto: lo que no quiero dar. Un acto de confianza y de redención.

Tres: el contrapeso. > Una confirmación externa que trascienda mi propia mente; ojalá, a través de comunidad.

Cuatro: la Cruz.  > No me infla, me vacía. Me despoja. No disocia, me hermana. No evade la carga,hace que la abrace.

Me aparecen tres preguntas. La primera es una hipótesis, la segunda una interpelación y la tercera un desafío cotidiano.

¿Y si la Fe, en el fondo, es apostar por la interpretación que da más vida?
Quien está bajo un sesgo, ¿se lo cuestiona?
¿Cómo no matar la experiencia por miedo al sesgo, escapando de idolatrarla?