La escritura en la pared

Lo que más me resonó de Daniel fue el relato de la escritura en la pared. Pensando en clave de Venezuela, esta mano que aparece desde afuera es el evento visible, la detención. Pero en la lógica del texto, el juicio no coincide con lo visible. Primero ocurre lo invisible: la pérdida de legitimidad, el desgaste simbólico, la desconexión, la repetición mecánica del poder. La caída visible viene después.

Por eso pienso que la detención de Maduro funciona como un síntoma, no como la causa. Tiene que ver con el momento en que el poder, para sostenerse, recurre sólo a la fuerza, a narrativas impuestas o al miedo. Nuestro primer impulso es leerlo en clave de éxito o fracaso, de buenos y malos, de la polarización. O como un evento decisivo, como si al caerse uno se acabara todo.

Pero lo que Daniel enseña es más incómodo. El momento visible casi nunca es el momento real. El quiebre ocurre mucho antes, en planos que no operan en las noticias o en lo superficial, sino cuando el poder deja de producir sentido y empieza a sostenerse por inercia, por miedo y por repetición.

En el banquete de Baltasar, cuando la mano escribe, el reino ya estaba perdido. No hay una batalla final épica. El texto es sobrio, incluso cruel. La escritura no provoca la caída, simplemente la nombra. En la lógica bíblica, nombrar no es causar, sino revelar. Daniel dice: «Pesado has sido en balanza y hallado falto». Lo que sigue es casi un hecho secundario.