Siempre fui una persona muy política y lo sigo siendo. No de política partidaria, pero sí con una fuerte impronta, especialmente del quehacer cotidiano político. Y también una vida política marcada por ser latinoamericana.
Me pasó que la mañana del 4 de enero, mientras las noticias confirmaban la operación en Caracas y la detención de Maduro, yo estaba leyendo el libro de Daniel y la resonancia fue instantánea.
Mientras avanzaba en esa lectura, al mismo tiempo emergían en las pantallas los comentarios, los festejos, los repudios. Mi espíritu que es ansioso y alborotado, veía todo esto mientras, por primera vez en mi vida, atravesaba un acontecimiento así abrazada a Jesús. Y eso es algo que nunca nunca me había pasado. Así que acá estoy, intentando atravesarlo con mi asombro y mi curiosidad.
Ahora que tengo que construir mi lugar desde la fe, la misericordia y ese abrazo, tengo muchas preguntas buscando respuestas. Estos textos van de eso. Supongo que quedarán más preguntas que certezas. Pero es el registro de una parte de mi mente y mi espíritu, intentando orientarse.
Y ahí, en consonancia con Daniel, se me aparecieron un montón de preguntas, pero también de respuestas que quizás mi ser racional, que aún se resiste a abandonar sus pobres e ineficaces modos de analizar el mundo, me llevó a este viaje que me acercó a espacios de pensamiento nuevos. Espacios que, también, me habilitan para un quehacer.
A esto me gustaría sumar que no quiero enarbolar verdades absolutas, y no quiero pero seguro voy a cometer equivocaciones doctrinales fuertes. Pero no quiero dejar de hacerlo porque me propuse el ejercicio de no perfección. Eso es justo lo voy a hacer en los textos desordenados que siguen a este.