Trump como Persia

En Daniel, Babilonia es exceso y delirio, fiesta mientras todo se hunde. Persia se presenta como administración, decreto, control, transición racional y necesaria. Por eso Trump aparece como el rey-árbitro que entra cuando el sistema declara que el caos ya no es tolerable. No profana el templo sino que decide qué se hace con él. No destruye la ciudad sino que la administra. Promete una transición segura bajo su tutela. Eso es persa.

Incluso permite cosas que Babilonia no: retornos parciales, reconstrucciones. Siempre bajo su marco y autoridad. La libertad es condicionada. Persia no es el demonio puro, pero sigue siendo un imperio. Decide desde arriba, pesa a otros, pero no se deja pesar.

Uno de los mayores errores sería la euforia de creer que, porque cayó Babilonia, ya estamos en otra lógica. Daniel nunca hace eso. No hay que confundir orden con justicia, ni transición con salvación. Hay que aprender a sostener el eje dentro de Babilonia, a no dejar que la lógica del imperio defina nuestro corazón, juicio o fidelidad. Quizás la liberación real empieza en cómo nos sostenemos dentro de la Babilonia que nos toca, especialmente mientras los imperios vienen y van.