Divago entre el asombro ante la intimidad divina o la profanación, una declaración de no-intención.
Entonces, algo pasa. Algo que no entiendo.
Una ofrenda en suspenso.
Solo después digo: Señor, porque creo que sos vos quien baja, que es tu Amor en mi amor: me esparzo entre la recepción y la exploración, asombrada y respetuosa.
Doy el paso que me cantaste.